
La realidad es que la
energía nuclear ha continuado vigente en la discusión de la política energética
del país. El primer reactor de la Central Nucleoeléctrica de Laguna Verde
entró en operación en 1990, y el segundo en 1995, con mejoras continuas en su
operación y en su desempeño, reduciendo el tiempo de las recargas del
combustible nuclear y sujetándose a la estricta normatividad de seguridad
nuclear y salvaguardias de la Comisión Nuclear de Seguridad Nuclear y
Salvaguardias
Tenemos así que la energía nuclear debe jugar un papel
fundamental en la transición energética y en la obtención de una matriz
energética más limpia que nos permita cumplir con los compromisos para reducir
la emisión de gases de efecto invernadero. Para los últimos años del horizonte
de planeación de la CFE que se describe en el documento “Programa de Obras e
Inversiones del Sector Eléctrico 2012-2026” se determinó la energía de fuentes
fósiles que habría que reemplazar por generación no fósil, a fin de lograr la
meta de 65% a base de fósiles partir de 2024 y mantener su cumplimiento al
2026. Los resultados muestran que el escenario con adiciones de renovables resulta
con el mayor sobrecosto anual respecto al caso de referencia, el Programa de
Requerimientos de Capacidad (PRC), que es el oficial. El caso con menor
sobrecosto respecto al de planeación corresponde al escenario con centrales
nucleares, sin embargo, requeriría la instalación de 7 u 8 centrales de este
tipo al 2026, lo que constituiría todo un reto, tanto técnico como
presupuestal, sin mencionar la falta de una estrategia de comunicación para
informar
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